lunes, 18 de septiembre de 2017

Es tiempo de sembrar para cosechar



Ayer vino la hermana Carmen a mostrarme algunas papas. Me dijo que eran de su huerta. Una huerta donde siembra algunas hortalizas. Unas salen otras no. A veces es el terreno que no se preparó adecuadamente otras el tipo de hortaliza que no es propio de la región. Estas papas estaban del tamaño normal. Eran algo grandes y parecían a las que ponen en los supermercados para promocionar la venta.

martes, 31 de enero de 2017

No me mires no me mires sonó en la Misa


Hice mi oración como acostumbro hacerlo antes de iniciar la celebración Eucarística. No había coro, así que al entrar a la capilla pedí que se pusieran de píe y comencé a dirigir el canto de entrada. Pasé al frente del altar e hice la

miércoles, 13 de mayo de 2015

No podía morir por un asunto pendiente





He conocido a una enfermera que me platicó un testimonio impactante. Le pedí que lo escribiera y aquí se los dejo. Espero les ayude también a reflexionar.

martes, 12 de mayo de 2015

Las pláticas del portal




La misa se había prolongado un poco. Bueno, era común, cuando tenemos tiempos y no existe la presión de una misa siguiente podemos dejar que la palabra de Dios nos ilumine.

lunes, 11 de mayo de 2015

El mejor regalo del mundo para mamá




Hoy durante el programa que tenemos de radio de la hora de los cincelazos pregunté cuál sería el “regalo” que las mamás esperan verdaderamente de sus hijos. Entendiendo “regalo” como lo que es, un don, una gracia especial. Obviamente no

domingo, 10 de mayo de 2015

Si somos fríos no hay que ser diferentes




Soy poco afectivo. Nací en una familia que nunca nos enseñó a ser efusivos, porque tampoco les enseñaron el afecto. Somos fríos, no tanto para llegar a indiferencia, pero si somos algo fríos. Hay algo que divide, la indiferencia y el ser fríos. No recuerdo un cumpleaños para mí. Quizá por la

viernes, 8 de mayo de 2015

Donde estaba Tlaloc les dejé a Dios





Eran casi la una de la tarde. Una persona estaba sentada muy cerca de mí y confesaba sus pecados. Los cantos del coro de la iglesia se escuchaban hasta donde yo estaba. A veces me impedían escuchar con claridad al penitente. Una señora de tez morena llegó a la entrada del templo. Me miró fijamente y haciendo un gesto con su cabeza me indicaba que ya había llegado. Di la absolución al penitente y me puse de píe. Caminé unos pasos y pregunté a los que estaban fuera de la iglesia que si se iban a confesar. Me